jueves, 30 de noviembre de 2017

Carta final a José Alberto Patiño Basurto, aka Alberta Cánada, @mrPATOInc, director del colectivo @proyecto21mx

Agradezco tu brutal honestidad. Pero no me podrás juzgar al decirte que, con todo el historial que te conozco, me resulta incomprensible e incongruente que de pronto te incomodes con algo así. [Cierta declaración de intenciones de mi parte.]

También comprenderás que de ahora en adelante no te conozco ni deseo volver a saber de ti. No soy abán praxedis, no soy césar cañedo, no soy como ninguno de los tipos carismáticos y seductores con los que te has enredado, pero te aseguro que soy muy capaz de tener buena fe en las personas, y tratarlas de ese modo. Sí, me paso de noble; tipos como ellos dirán que me paso de blando. Y durante todos estos años me he resistido a pensar que eres como ellos, porque he visto más de una vez que tras toda tu belleza, tu fortaleza y tu capacidad de resistir hay un corazón noble y bello. Incluso si a veces se le olvida entre tantos placeres, tantos trabajos y tantas contrariedades.

Lo sé, nunca fui capaz de demostrarlo ni de darte lo que necesitabas, pero jamás te atrevas a dudar de lo enamorado que he estado de ti. Desde luego te parecerá inconcebible porque, después de todo, ¿cómo podría relacionarse un pavorreal con un gorrión o, para usar el ejemplo de Lorca, una mariposa con una cucaracha? Si por algo he sido incapaz de demostrar mis sentimientos o de hacer algo útil con ellos ha sido precisamente porque a tipos como abán se les hizo fácil abusar de la buena fe que les tenía. Exactamente la misma que tuve en ti hasta ahora, y que como ellos has pagado con el mismo desdén y la misma incongruencia. Si con tu exesposo fuiste capaz de tener la paciencia de soportar un mal bache, no veo por qué tan de pronto perdiste esa paciencia conmigo, y sólo porque no estoy en posibilidad de verte te olvidas de la promesa de vernos y empiezas una relación con alguien más. Supongo que era demasiado pedir; después de todo, parece que soy demasiado "normal" para tipos como ustedes.

No estoy seguro si alguna vez habríamos estado juntos; no sé si mi vida habría estado resuelta lo bastante pronto. Lo que sí estoy seguro es que incluso a los 50 me habrías parecido deseable y digno de ser amado. Si no hubieras demostrado, como lo acabas de hacer, la misma mezquindad que abán y todos los tipos como ustedes. Claro, uno es el idiota por creer en el amor, y me veo forzado a entrar en el sexo de amigos porque andan de "poliamorosos" y no dan una mierda por mí. Hasta que de pronto les da por la monogamia y la mojigatería y el idiota vuelvo a ser yo.

En fin. Con tantos años de conocerte, de desearte y de guardarte en el corazón, no esperes un discurso congruente de mi parte. Sólo te puedo decir lo mismo que Anne-Marie Duff cuando hizo de Isabel: "The bond we shared was like no other. And you have defiled it! Henceforth, if I see you, I shall not know you. You are dead to me".

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N. A.: Cabe aclarar que el trabajo artístico y el activismo del colectivo @proyecto21mx, así como todos sus integrantes en tanto artistas y sujetos políticos, siempre han merecido mi respeto y admiración por el profundo compromiso y dedicación que dan al proyecto. Sin embargo, el desaguisado amoroso con su director, es cosa muy aparte. Por más afinidades políticas que tengamos, y por más admiración que me merezca, su empeño en destrozar todo lo que en mi corazón albergaba hacia él me desalienta a seguir y comentar su trabajo. De por sí su actitud siempre fue la de no involucrarme en ello, salvo cuando fue ya imposible para mí, situación que, seguramente, tomó a mal. No es raro para mí, por otro lado, que se den estas situaciones con individuos con quienes tengo dichas afinidades políticas. Otro tanto puedo relatar acerca de César Enrique Pineda Ramírez, anarquista, brigadista y actual investigador en el Instituto de Investigaciones Sociales (¿o Antropológicas?) de la UNAM; pero como dijo la nana Goya, esa es otra historia.

viernes, 14 de octubre de 2016

Bob Dylan, o, La lógica del ardido

Dado el linchamiento de que fui objeto en Facebook por parte de amigos y enemigos a causa de un tuit (o sea, ni siquiera por algo dicho en Facebook) que emití hace dos meses con respecto a la así llamada juangamanía, en la que se me restregó tanto el artículo de Yuri Vargas publicado en Círculo de Poesía sobre el tema, como La distinción de Pierre Bourdieu (como si de tratados de musicología se trataran), era inevitable que le entrara a la noticia de que Bob Dylan ganó el Premio Nobel de Literatura 2016, hecho anunciado el día de ayer.

Hace cerca de ocho horas un tuitero (@66rucio1) me acusó de "sergiozurita" simplemente porque le hice notar que su comparación de Bob Dylan con ricardo arjona era desproporcionada, y por lo tanto asumía que yo estaba totalmente de acuerdo con el otorgamiento del premio. Tras semejante acusación en Twitter debo aclarar que es infundada: lo más que he escuchado de Bob Dylan es lo que me han permitido Universal Stereo y los tres discos que mis padres poseen desde hace más de 30 años. Ya de entrada por esos dos hechos le he tenido tanto respeto como lo he tenido por Cat Stevens, los Rolling Stones y los Beatles; sin embargo, definitivamente no paso de ser ignorante en materia de Bob Dylan, porque mi conocimiento no pasa de allí.

Si por algo me parece bien que un compositor de canciones con conocimientos de poesía gane el Nobel es simplemente porque abre una discusión sumamente interesante
: ¿hasta qué punto la letra de una canción se puede considerar literatura? ¿tiene que ser muy buena para considerarla tal? ¿qué tanto tiene un letrista de hombre de letras? ¿De veras es imposible que un doctor en letras haga letras de canciones (y para nada digo que Bob Dylan lo sea)? Yo en lo personal creo que no es imposible. El oficio del letrista, a diferencia del del compositor que siempre está en medio de la controversia, suele estar tan lejos de la vista y de la comprensión del público mayoritario que a veces se queda invisible. Si es de por sí complicado que la gente comprenda que su cantante favorito rara vez es el compositor de las canciones que canta, lo es aún más que comprenda que no en todos los casos el compositor de una canción es, a la vez, el autor de la letra. Y no se podría decir si por ignorancia o por conveniencia, pero esa confusión está desde el origen de la mayoría de las canciones: casi desde sus inicios, la industria del disco presentaba con serio descuido los datos de las personas responsables de la creación de las canciones grabadas; en no pocos casos, se presentaban sólo los apellidos del compositor y del letrista, sin ninguna separación gramatical ni gráfica, con lo que de alguna manera la gente puede llegar a pensar que compositor y letrista hacen la misma cosa o, ridículamente, que son una sola persona. La explicación más sencilla es la de la falta de espacio (el marbete de un disco, sea de 78, 45 o 33 1/3 rpm, era un espacio muy reducido donde también había que hacer caber la publicidad), pero si le jugamos al perverso podemos aducir más razones. Quizás suponían, con gran ingenuidad para mi gusto, que el consumidor estaba en el perfecto entendido de quiénes eran el compositor y el letrista, o si en una canción determinada compositor y letrista eran la misma persona. También puede ser que no fuera en absoluto una ingenuidad: que convenientemente los datos fueran presentados al mínimo (porque al fin y al cabo hay una ley de derecho de autor que respetar) para resaltar la presencia del cantante o intérprete tanto en la grabación como en la portada. De este modo, al asociar la canción con el cantante queda mejor asegurado el consumo del disco que si se le asocia con el compositor o el letrista, que pueden ser, o no, universalmente desconocidos. Hay casos de excepción, por supuesto; hay mancuernas de compositores y letristas famosas cuyo reconocimiento no se ve opacado por el de sus cantantes e intérpretes; están Vinicius de Moraes y Tom Jobim (cuya fama es tal que han acabado convertidos en mascotas olímpicas), así como Horacio Ferrer y Astor Piazzolla, en la que tenemos el caso opuesto de que un letrista es más reconocido que el compositor: en tanto Astor Piazzolla es odiado y considerado el anticristo del tango, Horacio Ferrer es tan admirado y querido que la gente llega a pensar que él compuso la Balada para un loco o la Balada para mi muerte. Tales confusiones provocadas simplemente por el desparpajo documental al editar discos. Pues bien, al poner en la lupa a los letristas con un Premio Nobel, se les va a dejar de ignorar y tomar por el Espíritu Santo (pues las letras de canciones siempre parecen llegar por inspiración divina), y cabe la posibilidad de que la música sea tomada un poquito (sólo un poquito) más en serio, pues al conocer que la música no es sólo asunto de cantantes, farándula y discos vendidos, la gente puede comenzar a entender muchas cosas.

Lo cual me lleva a una segunda cuestión, que tanto para músicos como para gente de letras (aunque por distintas razones) es espinosa: dentro de una canción hay dos discursos que trabajan en paralelo, no es que la música sea un "mero vehículo" para las palabras, ni que las palabras sólo sirvan para darle un sentido concreto a la música, que es de suyo inasible (como yo lo pensaba a mis 18 años). A Bob Dylan se le da el premio por la calidad de sus letras, no por la música "que las acompaña" ...o tal vez sí, según cierta interpretación de los intereses de la Academia Sueca, como la que ha comentado Jordi Soler en la radio. Sin embargo, a algunos llevará a pensar que si las letras de las canciones pueden ser valoradas con parámetros literarios (en tanto que algunas llegan a ser hijas "bastardas", pero hijas al fin, de la poesía), la música también puede ser valorada con sus propios parámetros, los parámetros musicales. Luego entonces, eventualmente se entenderá que el análisis literario, la antropología, la sociología o (para acabar pronto) la epistemología, no sustituyen la musicología ni el análisis musical, por mucha transdisciplina que se ponga de moda hoy. El resultado: un día se acabará la chabacanería de la "cuestión de gustos" y se podrá saber con objetividad si cierta música es buena o mala. Ya ni esperemos el sueño guajiro de que exista un Nobel de Música (el Premio Polar, que es considerado su equivalente, y podemos confiar en su seriedad nada más de ver la lista de premiados, ni de lejos está cubierto por el halo de "premiamos a lo mejor que ha dado la humanidad en materia de X" que siempre ha tenido el Nobel; y si se lo preguntaban, Bob Dylan ya lo ganó una vez): por lo menos se podrá educar a la gente para que crezca a través de la música como lo hace a través de los libros y las pinturas dándoles acceso a música BUENA, de calidad, que no sea inflada artificialmente por el circo mediático.

Lo patético en todo esto es que los escritores y la gente de letras en general (amén de filósofos, sociólogos y algunos músicos descastados) que hace dos meses se regodearon en la así llamada juangamanía, y alcanzaron el éxtasis y el furor sádico llamando "clasista", "intelectual chaquetero", "snob estético" o "mediocre" a aquellos músicos o melómanos congruentes que no se dejaron llevar por el frenesí, sean quienes ahora se rasguen las vestiduras, quienes hablen ahora de una afrenta contra la literatura contemporánea, los que convenientemente no denuncien ahora que "la alta cultura" o que el "esnobismo estético" y que se cuiden de proclamar que la verdadera, la buena y la chida es la cultura popular. Esos que durante muchisimo tiempo han justificado y cobijado a malos músicos y a fenómenos musicales nocivos mediante la operación de sustituir el análisis musical y la verdadera musicología con el análisis literario, la antropología, la sociología, y toda clase de "estudios culturales" que conducen a la unánime conclusión de que "como le gusta a todos y lo sienten parte de sus vidas, tiene que ser bueno". Esos que adoran escuchar a Fernando de la Mora acompañado por la OSN cantando un espantoso arreglo de Bésame mucho en Bellas Artes, o aquellos que alaban a la changa como la expresión máxima de la cultura musical mexicana, son los que ahora dicen que Bob Dylan como Premio Nobel es la muerte de la literatura.

Y yo nada más me pregunto: ¿Por qué es clasista decirle a la gente que se destape los oídos, pero no mantener restringido el concepto de literatura contemporánea? ¿Por qué es políticamente correcto decir que la música es cuestión de gustos, y no lo es decirlo de la literatura? ¿Por qué es válido rendirle homenajes desmedidos a músicos chambones, pero la alta literatura sólo puede ser producida por doctores en letras para doctores en letras? ¿Es que acaso se vale tener malos gustos en música, pero en la literatura no? Señorxs literatxs, escritorxs, poetxs, gente de letras en general: lo que ustedes hacen es algo que se llama INCONGRUENCIA. Y peor aún, juego sucio. 
La discusión de que si una letra de canción es también literatura (como alguna vez cuestionaron que el periodismo fuera literatura) queda cancelada en tanto que desde el desconocimiento, la sensiblería y la corrección política, ustedes justifican que la música de distribución comercial generada desde la industria del disco y promovida implacablemente por los medios de comunicación masiva, es la verdadera música "popular" (es decir, que agustín lara es tanto o más valioso que los vinuetes funerarios de occidente) y que por ser "popular" tiene mayor mérito y valor estético que la música de concierto (es decir, que paulina rubio tiene mucho mayor valor musical nota por nota que Manuel Enríquez, caudillo de las vanguardias del siglo XX en México). Por una vez que se les revira y les aplican (y en grande) la misma lógica tramposa y cursi de la "cuestión de gustos" que llevan décadas aplicándole a los músicos, su ardor supera el de cualquier aficionado al futbol que experimenta la derrota de su equipo en final de temporada. Que a través de ensayos, poemas o performances alaben el impacto que músicos de baja estofa tengan en la cultura popular no significa que ya hicieron con ello análisis musical, y por lo tanto que aquéllo que alaban le vaya a hacer bien a la gente escucharlo.  Antes bien, pregúntense si así como en el mundo de los sonidos comienza a darse una transformación de los mensajes y los medios, no estaban pasando por alto que otros ejercicios intelectuales que se hacen con las letras, distintos de la novela, el cuento y la poesía, son también literatura. Como quien dice, el buen juez por su casa empieza, y zapatero a tus zapatos.

Lo cual me lleva a hacer otra declaración: Señorxs artistas sonorxs, DJs y cuanta fauna nueva de los sonidos surja en las próximas horas: es cierto que los discursos se entrecruzan y multiplican conforme los medios evolucionan, pero por favor, siquiera comprendan un poco de historia de la música. Por más que la desprecien, sépanse que la música también es organización de sonidos, y que sin gente como John Cage, que para poder romper las reglas de la música antes tuvo que ser músico, organizar los sonidos en otros discursos nunca habría sido posible. Así que menos electrocumbia y más musicología, por favor.


PS. Ya que se dieron a la tarea de restregarme durante dos meses el artículo de Yuri Vargas y La distinción de Pierre Bourdieu, yo les dejo dos lecturas de tarea: Como una novela, de Daniel Pennac, en la que el autor postula el decálogo del lector (y que bien podría adaptarse y ampliarse para que no sólo fuera decálogo de los lectores, sino de los melómanos, los lectores de periódicos si todavía existen, los televidentes, los radioescuchas y cualquier receptor de mensaje alguno); y las obras completas de Michèle Petit, investigadora que ha profundizado en la lectura como fenómeno social y que enriquece las ideas que se plantean en el decálogo de Pennac. Tal vez así se enteren que la literatura no está muerta, y comiencen a reconsiderar el concepto que tienen de la música como decoración del tiempo libre y telón de fondo de borracheras.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Sobre el alarmismo de Hermann Bellinghausen

El 22 de agosto de 2016, La Jornada publicó un artículo de Hermann Bellinghausen con el título ¿Adónde va Radio UNAM?, en el cual el autor advierte que debido a los errores y malos manejos de la dirección de Renato Dávalos, Radio UNAM está en el peligro de abandonar las tareas sustantivas de educación, investigación y difusión de la cultura para convertirse en una radiodifusora informativa rellena de contenidos mediocres y mala música, con espacios pagados por patrocinadores, cuyo propósito es solapar las políticas del gobierno federal con fines electorales. En pocas palabras, y como él mismo lo afirma, en rebajarse a la altura de la kebuena.

Me parece un juicio severo, exagerado, alarmista y bastante tardío. Es una necesidad imprescindible denunciar los malos manejos cuando los hay, pero no por ello se puede descalificar con tal ligereza el estado verdadero de la radiodifusora. Si asumimos la veracidad de las acusaciones contra la actual dirección de Radio UNAM sorprende que, contrario a lo que ocurre con TV UNAM, los malos manejos no afecten de forma directa la programación y los contenidos, como el autor afirma.

Para empezar, es cierto que la barra de ResistenciaModulada abusa en el uso de mala música como la electrocumbia, el reggaetón y las baladas pop para el relleno de sus espacios no hablados, pero en el resto de la programación ni la música de concierto ni la música experimental (si es válido separarlas, de entrada) están siendo marginadas como sí ocurrió durante la administración inmediata anterior, en que la música de concierto fue relegada a AM (junto con los programas a cargo de estudiantes, profesores e investigadores universitarios en los que su trabajo académico encontraba foro) y en FM estaban siendo reemplazadas por lo que podríamos llamar "world music". A menos, claro, que el señor Bellinghausen esté considerando basura musical el jazz comercial (del que sí se ha abusado desde 2011) y que le parezca satisfactorio que la música experimental esté siendo sustituida por estas hipstereces del "arte sonoro" y la escena DJ con sus variantes, cosa que a mí sí me parece criticable y que él pasa por alto.

Ahora bien, cebarse en críticas contra el noticiario Prisma RU y omitir por completo comentarios sobre Primer Movimiento​ (que en no pocos aspectos podríamos considerar su programa hermano) y del resto de la programación que, por un sendero o por otro, acaban tratando aspectos de las bellas artes, la alta cultura y el conocimiento académico, es parcial e injusto. ¿Alarmarse por la presencia de un nuevo noticiario y cortes informativos? Como si en décadas pasadas no hubieran existido Plaza Pública y los cortes informativos fueran ocurrencia reciente; como si la cobertura de noticias sin tendenciosidad no fuera también una necesidad educativa y cultural. Que Diáspora de la Danza, Testimonio de Oídas, Mundofonías, Miocardio y otros contenidos de igual valor sean transmitidos en horas de baja audiencia sí, está muy mal, pero es muy distinto a afirmar categóricamente que esos contenidos no se producen. Es cierto, falta que abunden programas del perfil de Derecho a Debate, pero tampoco la difusión del conocimiento académico en las épocas anteriores de Radio UNAM fue la Edad de Oro: la verborrea que Bellinghausen denuncia nunca se fue, ahí estuvo siempre, sólo que ahora cambia de continentes, contenidos y audiencia; reconocido por los mismos integrantes de Radio UNAM, la época de El Cine y la Crítica o los Temas de Filosofía de Ricardo Guerra era refulgente en contenidos pero pobre en producción, y la necesidad de enfatizar los esfuerzos en este último aspecto responde a la necesidad de los tiempos. Justamente porque hasta la década de 1990 se entendió la necesidad de ello es que el conocimiento académico y la intención educativa de Radio UNAM nunca fueron comprendidos ni mucho menos consumidos por la sociedad mexicana; ante la conciencia de que la radiodifusora ha sido (y sigue siendo) ignorada y hasta vilipendiada por el gran público, se han hecho cambios necesarios y tardíos. Es verdad, Radio UNAM hoy no es ni de cerca la Radio UNAM de 1960 ni de 1975, pero tampoco está en el peor de los escenarios posibles.

Que los programas nuevos producidos por particulares subcontratados por proyecto (práctica que se ve en todos los sectores del gobierno y de la economía desde la legalización calderonista del outsourcing) sea una práctica creciente en Radio UNAM no es en sí mismo un atentado contra las tareas sustantivas de la educación, la investigación y la difusión de la cultura, pero sí es criticable en la medida que dicha práctica puede estar disfrazando, bajo nombres ficticios de personas físicas y morales, adjudicaciones de dinero público por parte de amigos, parientes y recomendados, toda vez que esto ocurre en cualquier sector del gobierno y la economía al que dirijamos la vista. Peor aún si esta práctica reemplaza la fuerza laboral de que la radiodifusora dispone por vías sindical y académica. Sin embargo, también conviene preguntarse cuál de los dos tipos de producción es el que asegura los mejores resultados en cuanto a la calidad del contenido, y si privilegiar uno u otro asegura esa calidad. Yo no veo tan claro que apoyarse exclusivamente en la nómina sindical de Radio UNAM fuera a dar como resultado lo que se escucha hoy en día en ambas frecuencias, como sí se ve claro que en el servicio bibliotecario la UNAM debería privilegiar al personal académico, o que en mantenimiento técnico e intendencia debería priviliegiarse al personal sindical. Donde sí hay que concederle razón a Bellinghausen es en este último aspecto: si la contratación de particulares por proyecto y la liquidación de personal sindical y académico da como resultado que no haya una dirección de ingeniería y que la señal de transmisión tanto en AM como en FM sea tan mala que en ningún punto del valle de México y su área metropolitana se pueda sintonizar decentemente, no sólo hay que denunciarlo sino tomar acciones al respecto como radioescuchas: insistir en la creación de la defensoría de la audiencia y/o de un consejo que incluya a los radioescuchas tanto dentro como fuera de la UNAM para asegurar que nuestro derecho a una radiodifusora pública y universitaria digna sea respetado de forma efectiva.

Por contraste, me parece que el señor Bellinghausen sí falla gravemente en otro sentido: no parece haber escuchado con atención (su tan criticado) Prisma RU, como ninguno de los otros programas de la radiodifusora, en los que abierta y frontalmente se enfatizan a diario las críticas directas a la presente administración federal, si bien hay en esas críticas una tibieza inevitable y propia de nuestros tiempos si las comparamos con las críticas pre- y post-Díaz Ordaz. Al menos en cuanto a las opiniones y comentarios de conductores e invitados toca, Radio UNAM no parece adoptar esta postura servil electorera que se denuncia en el artículo, al contrario. ¿Qué prueba más notoria de que Radio UNAM, lejos de recibir apoyo oficial lo está perdiendo o lo recibe peor repartido, es que la barra de Resistencia Modulada perdió el apoyo del FONCA y ahora lo recibe del Fondo Internacional para la Promoción de la Cultura de la UNESCO? La inserción de promocionales como se hace en este momento, por otra parte, no tiene parecido alguno con lo que se hace en la kebuena o en el resto de la radiodifusión comercial y por el contrario mantiene congruencia con la práctica de Radio UNAM durante décadas, toda vez que la mayoría de los promocionales continúa siendo de la programación de casa; la presencia de los promocionales del gobierno federal no es extraña, siempre ha estado ahí; si en algo se nota esa predilección de la presente administración federal por la imagen pública, los controles de daños y las mordazas mediáticas, es en el hecho de que la cantidad efectiva de promocionales del gobierno federal ha aumentado, si acaso, ligeramente. Lo que no está libre de sospecha, en cambio, es la cantidad creciente de eventos en los que Radio UNAM colabora con la Secretaría de Cultura federal, donde sí puede notarse la injerencia de un punto de vista parcial y poco certero sobre el concepto de cultura y sobre aquellos ámbitos que deben ser privilegiados por encima de otros. Si el señor quiere hacer denuncias de malos usos en el patrimonio universitario, puede empezar por allí.

En conclusión, sí es necesario que Radio UNAM recupere la brújula y el buen camino que tuvo en otros tiempos, pero ni está totalmente a la deriva, ni es reprobable lo que se hace en este momento. No es la Radio UNAM de 1960, pero tampoco es radio fórmula o la zeta. Lo que necesita es lo mejor de dos mundos posibles: el discurso de Ricardo Guerra producido como Miocardio (no que Otto Cáceres haga mal las cosas, simplemente no basta); los programas de Derecho, Contaduría y Trabajo Social conducidos por Deyanira de Morán o Luisa Iglesias; El Cine y la Crítica, nueva época, con la producción de De Retinas; menos electrocumbia y más Mario Lavista; más jaraneros y menos DJs; más música coral amateur y menos arte sonoro. ¿Por qué limitarse a revivir viejas glorias repitiendo a Juan López Moctezuma o los radioteatros cuando se puede volver a destinar la sala Julián Carrillo para invitar a gente del teatro, la música y la literatura que no han tenido de otra más que irse por la libre? ¿Por qué no darle su sitio al deporte universitario y transmitir partidos y competencias? Comprendo el alarmismo de Bellinghausen, pero no lo comparto; sólo falta redirigir un poco la brújula y ya.

miércoles, 29 de abril de 2015

Los "progres" que quieren cambiar el Himno Nacional ya pueden conformarse con ver trastornada la identidad de la ciudad de México

La decisión del Senado Imperial de la República de conceder el estatuto de "entidad federativa" al DF no puede ser más impertinente. Como si hicieran falta más insensateces x_________________X. A pesar de que París, Berlín y Madrid puedan ser ejemplos de capitales nacionales con estatutos idénticos a los de otras ciudades en el país respectivo, el modelo de una ciudad separada de las entidades o con un estatuto equivalente pero distinto es más sensato en países que, como el nuestro, están fundados en la amalgama de territorios con identidad propia y ligeramente reacios a integrarse; San Petersburgo y Moscú, por ejemplo, son "ciudades federales", que sencillamente quiere decir que Rusia tiene dos Distritos Federales casi al estilo de Uruchurtu (aunque la Wikipedia diga que Sebástopol es el tercero, no se nos puede olvidar que Crimea fue ilegalmente arrebatada a Ucrania). Y el Distrito de Columbia en los Estados Unidos, para los que no se enteran, es un Distrito Federal con nombre propio; eso sí, con un alcalde y cabildo propios, pero bajo control total del Congreso federal, y no se ve que la ciudad haga agua por ningún lado. Al prever conflictos como los de acá, lo que se hizo con el D.C. fue reducirle el territorio y procurar, en la medida de lo posible, que lo único que contenga sean las sedes de los Poderes. Desde luego no es forzoso hacer lo mismo aquí, pero se evitan confusiones como la de pensar que por estar contenidos en un territorio especial, los habitantes del D.F. requieran la "estadidad" a la Puerto Rico para salir del limbo identitario y jurídico. La ciudad de México podrá desbordar al Distrito Federal que en principio la contenía, pero ni por error se puede decir que sean la misma cosa, como se pretende desde la década de 1960. Por otro lado, para darle autonomía a una ciudad como ésta no se necesita cambiarle el estatuto a su territorio, simplemente ceder con honestidad y coherencia el poder (y el presupuesto) a la administración local, y vigilar que dicha administración funcione. Ningún modelo de ciudad y territorio asegura per sé estas cosas. Es completamente innecesario lo que se ha hecho, y lejos de funcionar sólo agravará los problemas y las trácalas: un municipio requiere de un territorio sustentable para funcionar con autonomía total, y convertir a las delegaciones en "alcaldías" (cómo les encanta llenarse la boca con ese nombre) no cambia el hecho de que el agua, la electricidad y la basura seguirán administrados por el gobierno central del ahora estado. Lo mejor habría sido, sin abandonar el estatuto de Distrito Federal como Washington o Moscú, regresar al modelo de municipio único que ya se tenía a principios del siglo XX, que es lo más parecido a lo que tienen París, Madrid y Berlín en la actualidad; y si tanto les choca el nombre de Distrito Federal, tan sencillo como ponerle "Distrito del Anáhuac", o aún mejor,  "Distrito de México". O si quieren una refundación, tracen el territorio del D.A. o D.M. conforme a la cuenca del Valle de México, levanten la ciudad para rellenar el lago, y mándenla a las orillas. Todo esto habría sido mucho mejor que esta batea de babas. Al final sólo conseguirán ponerle la camiseta americanista de "Ódiame más" a una ciudad tan vilipendiada por el resto del país XS

viernes, 20 de marzo de 2015

Nuestro meme culto [sic] XD

Un día que me presentaron fotos de un tal Aiden Shaw, me acordé de un meme que vi alguna vez sobre el tremendo parecido entre El Mayordomo Oscuro y dos de sus enemigos, así que se me ocurrió apropiármelo XD. El que entendió entendió, y el que no tampoco XD XD XD XD



martes, 13 de enero de 2015

Los contrasentidos de la estructura universitaria: ¿absurdo o artimaña política?

De acuerdo con la descripción de La Jornada, en la sesión del Consejo Universitario de la UNAM el 5 de diciembre de 2014 no sólo se le regresó a la Escuela Nacional de Música el nombramiento de Facultad que tuvo antes de la Ley Orgánica de 1949 y que de manera injustificada tardó cerca de 70 años en recuperar, sino que se crearon cuatro nuevas licenciaturas: Teatro y Actuación, Desarrollo Comunitario para el Envejecimiento, Administración de Archivos y Gestión Documental, y la Ingeniería en Sistemas Biomédicos. La distinción entre ingenierías y licenciaturas, actualmente reducida a una cuestión nominal, continúa causando muchas confusiones, pero dejen ustedes eso. Asumamos con gran generosidad que todo se hace por pura buena voluntad y no por idiotez colectiva. Aún suponiendo eso, es notorio que el Consejo Universitario no tuviera en consideración tres cosas:

1) que ya existe una licenciatura en Bibliotecología y Estudios de la Información cuya una de sus materias optativas (porque nunca se han dignado a crear especializaciones) es precisamente la administración de archivos. Si bien las bibliotecas y los archivos no son lo mismo, y crear una licenciatura de Administración de Archivos permitirá una sana distinción entre campos profesionales hermanos pero no iguales, agregarle el apellido de Gestión Documental abre la puerta a una duplicación de ofertas educativas que sólo aumentarán innecesariamente la competencia laboral desleal y fraticida. ¿O acaso se trata de desaparecer la licenciatura en Bibliotecología y Estudios de la Información porque las bibliotecas están demodé? Además, la está creando en una zona geográfica que en la actualidad (y con todo respeto) no es prodigio de seguridad y estabilidad política, lo cual ahuyentará a un alto porcentaje de los potenciales estudiantes. Luego entonces, salvo que a la gente le guste la aventura, la licenciatura parece estar condenada al fracaso.

2) que la Facultad de Filosofía y Letras ya tiene una licenciatura en Literatura Dramática y Teatro que carece de especializaciones y posgrados, aunque en la práctica sus egresados se decantan por cualquiera de las profesiones relacionadas con el teatro. Y todavía peor, que además ya existe un Centro Universitario de Teatro que ofrece un diplomado denominado Carrera de Actuación, situación completamente anómala considerando que los Centros Universitarios, conforme a la Ley Orgánica, se encargan de la difusión cultural, no de la educación ni mucho menos de la investigación. Pero el panorama de la formación profesional en teatro en la UNAM es más dramático y delicado: Muchos que ahora son actores, productores, dramaturgos y directores egresados de la UNAM tuvieron que dobletear estudios tanto en la Facultad como en el CUT porque era la única forma en que podían recibir una formación profesional completa. Que la ahora Facultad de Música se haga cargo de una licenciatura que ni en el nombre tiene relación alguna con su campo no se justifica ni siquiera si se argumentara que la orientación de esta licenciatura es la de las artes escénicas relacionadas con la música. El teatro musical es campo interdisciplinario de músicos y teatreros, pero en estricto sentido es especialización del teatro, no de la música. Luego entonces, lo único que se está haciendo es duplicar (o mejor dicho, triplicar) los estudios profesionales que ya se están ofreciendo en dos entidades de la UNAM en situaciones completamente irregulares, cuando lo que debería hacerse es darle al CUT el nombramiento de Facultad, entregarle la licenciatura en Literatura Dramática y Teatro de Filosofía y Letras, y convertir la ahora licenciatura de la Facultad de Música en una especialización de dicha licenciatura.

3) En la misma situación que el CUT se encuentra el CUEC, de la misma manera que durante muchos años lo estuvo el CUIB, que tras incontables batallas políticas y académicas logró el nombramiento de Instituto que desde el principio le correspondía. Ya ni hablemos de lo que ocurre con la Filmoteca de la UNAM, que al mismo tiempo que es repositorio de patrimonio nacional y Dirección General de actividades que en no pocos casos se duplican con las de Difusión Cultural, se encarga de actividades propias de un Centro Universitario. Por ejemplo, organiza cursos y talleres tanto con sus propios medios como en colaboración con otras instituciones que, es cierto, cubren la tarea de la difusión cultural porque se tratan de interpretaciones intelectuales del cine en relación con otros temas; sin embargo, algunos ya cubren aspectos profesionales que o corresponden a lo que se hace en el CUEC (como la creación de documentales o la musicalización de películas) o a los estudios de otras licenciaturas (la restauración de películas es una especialización de la restauración de arte, que a pesar de tener ya licenciaturas, escuelas y campos de trabajo es aún una profesión que en México todavía está fermentando como un campo completamente autónomo; ya ni hablemos de la descripción documental de sus contenidos, que es tarea sustantiva de nosotros que ahora egresamos como bibliotecarios). La realidad es que en cuanto al CUEC la solución es relativamente sencilla: se le debe cambiar el nombre que tiene ahora por el de Escuela Nacional (o incluso, Facultad) de Cine o Cinematografía, haciéndose cargo de todas aquellas actividades que la Filmoteca no tendría por qué estar realizando en calidad de repositorio. ¿Y quieren que hablemos de la Dirección General de Danza? Nel, mejor no, eso da para otro artículo.

Pero este asunto de los nombres y categorías orgánicas de las dependencias universitarias no es propiamente el problema. Es síntoma de la inercia anticultural y burocrática que la sociedad mexicana arrastra y que la UNAM, se supone, está encargada de erradicar. El dedicar una licenciatura a una tarea propia de un equipo interdisciplinario formado por trabajadores sociales y gerontólogos y que no amerita estudiarse como licenciatura carece por completo de justificación cuando la situación orgánica de los campos profesionales del Área 4 que tanto dentro como fuera de la UNAM se presume como parte de sus responsabilidades sociales y sus rasgos culturales identitarios permanece sin resolverse. No darle su lugar a estas profesiones a lo largo de varias administraciones universitarias, negarles su sitio como carreras hechas y derechas con planes de estudios, presupuesto e infraestructura propios, sólo contribuye a obstaculizar su profesionalización. O de veras se trata de un atavismo que ni siquiera la comunidad universitaria se puede quitar de que las artes y las humanidades no son profesiones serias, o hay intereses oscuros y completamente perversos detrás de que los artistas y los humanistas no sean profesionales y no cumplan con su función social, que quieran o no sí la tienen.

Para enterarse de todo el chisme, dejo aquí las ligas:

http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2014/12/05/aprueban-crear-cuatro-nuevas-licenciaturas-en-la-unam-5038.html


https://www.fundacionunam.org.mx/de_la_unam/cuatro-carreras-nuevas-en-la-unam/

martes, 5 de agosto de 2014

Top 10 Best National Anthems (con crítica adjunta)


Anoche me encontré con esta graciosidad: un usuario de Youtube conocido como TheCarloza (al que me referiré en adelante como "el fulano del video"), creó este video para explicar cuál era su lista de los 10 mejores himnos nacionales del mundo. Dice que en su opinión éstos que escogió lo son, y todavía tiene la gracia de aclarar: "Lo siento si no puse alguno de sus favoritos, pero tuve que escoger". Áhi para que se dén un quemón, les comparto el video:



JAJAJAJAJAJA, ahora sí me hicieron reír con su listita XD XD XD XD XD. Como desde hace rato llama mi atención el asunto de los himnos nacionales, y como este video ya se me hizo el colmo de la chabacanería respecto de los no expertos ni en musicología ni en crítica musical, me tomo la libertad de meter la cuchara en este asunto de una buena vez.

Si de veras nos atenemos "estrictamente a la música" como dice el fulano del video, varios de los himnos de esta lista se quedan fuera: por principio de cuentas, Alemania, el Reino Unido y las Holandas, cuya armonía es convencional, su melodía es anodina, y su tensión dramática es completamente nula XD. Italia y Portugal, hay que reconocerlo, tienen una estructura más dinámica y un contrapunto y una tensión más complejos (parecen sacados de óperas verdianas), pero por desgracia no dicen nada, salvo para los italianos y los portugueses, obviamente. La marsellesa, en cambio, no sólo tiene una tensión dramática alta y eleva el espíritu patriótico de los franceses, es prácticamente un ícono cultural, que cualquiera reconoce desde las primeras notas, y que se presta para toda clase de referencias y bromas XD; aunque debo decir me desagrada mucho esta estructura tan caótica de las estrofas, consigue lo que se propone y cumple lo que promete, y su armonía, pese a ser más convencional, no es para nada ingenua. Sin embargo, y esto no lo podría rebatir ni el más objetivo de los musicólogos, no tiene la culpa el himno sino el país que lo hizo compadre, por lo que yo considero que tanto la marsellesa como el himno gringo (que también tiene una estructura, una melodía, una armonía, un contrapunto y una tensión dramática de bastante valor) tienen el justo lugar que merecen respectivamente.

En cuanto al "himno" de la Comunidad Europea lo defenestro sin ningún remordimiento no sólo porque "no es un país" como bien aclara el fulano del video, sino porque cuando se negoció la creación de la Comunidad Europea los creadores quisieron colgarse de varios íconos de la cultura del continente para hacer clara referencia a su propósito paneuropeo: así como utilizan el latín para varios de sus frontispicios, se colgaron de la obra más excepcional del más excepcional de los compositores modernos (Beethoven) para tomarlo como himno. Dejen la ñoñez del acto en sí, su intención es bastante tramposa... mejor hubieran adoptado lo que Zbigniew Preisner compuso para el Azul de Kieslowski XS. Si a esas vamos de incluir himnos no nacionales, yo pondría en el sexto lugar el himno olímpico, que a pesar de su virtuosismo estilístico excesivo y su estructura tan compleja, es más conmovedor que el ruso, que en mi opinión sí merece el primer lugar, por razones que ahorita explico.

Al chino, en cambio, yo lo subiría, tal vez, al cuarto lugar, porque del mismo modo que la marsellesa tiene valores suficientes para convertirse en ícono cultural, si no fuera porque 6 séptimas partes de la humanidad (los que no somos chinos), no conviven cotidianamente con él. En tercer lugar, por supuesto, y sin pecar de ningún falso nacionalismo ni exceso patriótico execrable, pondría el de México. ¿Por qué? Echen un vistazo a los himnos latinoamericanos: la mayor parte de los himnos del Cono Sur tienen las mismas características que los himnos de Italia y Portugal (el argentino y el uruguayo son prácticamente arias al estilo de Verdi, lo que dice mucho de sus idiosincracias; el chileno otro tanto, y el brasileño es una broma de muy mal gusto) y por tanto tampoco nos dicen nada a los demás en el mundo. Del resto no se puede decir gran cosa: tan anodinos como el alemán, el holandés o el británico. El himno mexicano, en cambio, prescindiendo de todos esos excesos, no sólo cuenta con una línea melódica harto compleja, sino que sabe combinar perfectamente la intención dramática de la música decimonónica con una armonía sofisticada y, para mi gusto, con el propósito último que debe tener todo himno nacional: ser música utilitaria fácil de recordar e interpretar. El segundo lugar se lo daría al de Rumania (¿cuándo se ha escuchado un himno nacional en modo menor cuya vivacidad equipara a la Marcha de Zacatecas? XD), porque va justo en la misma línea que el himno mexicano y el ruso: no sólo es música utilitaria fácil de interpretar y recordar, son pequeñas grandes lecciones de composición.

El himno ruso, y en eso estoy de acuerdo con el fulano del video, tiene todos estos elementos y algo más. Para empezar, una armonía sorprendente: utiliza todos los acordes derivados de la escala de Do mayor con una intención clarísima, y prácticamente sin alteraciones; sin mencionar una línea melódica sencilla pero conmovedora, y todo encajonado en una estructura casi espartana. No en balde hay gente que la confunde con la Internacional, porque además de inspirarse en la Internacional, ni siquiera la Internacional tiene estos valores añadidos, ni causa el mismo efecto jubiloso en los que no somos rusos, ni comunistas. Y por si fuera poco, aún los himnos anteriores que ya no son oficiales en Rusia son igualmente superiores: Dios salve al Zar (que Chaikovski cita tanto en la Marcha eslava como en la Obertura 1812), y la Canción patriótica de Glinka; si Borís Yeltsin, el único al que le gustaba esa pieza, ya se murió y el resto de los rusos ya no quieren a Glinka, los mexicanos que pugnan (ridículamente para mi gusto) por que se cambie nuestro himno no deberían echarlo en saco roto, jejejeje ;).

Ahora bien, basándonos en las mismas razones con que evaluamos los himnos ya mencionados, podríamos concederle al himno gringo que suba al octavo lugar (ojo, "podríamos", pero esta lista es mía XD), justo después del de Kenia, que para quienes no lo conocen créanme, no tiene desperdicio XD, y cumple con las mismas características que los primeros lugares. El noveno lugar iría para Kazajistán, cuyo himno recuerda harto a la Varsoviana (que ojo, no es el himno de Polonia, y tiene más brío que muchos himnos nacionales que yo conozco), y el décimo, en mi humilde opinión, va para Andorra, que aunque algunos podrían considerar uno de esos "países broma", pues por algo sigue ahí XD; y a diferencia de Estonia o Lichtenstein, no adoptó himnos extranjeros como propios, por muchas razones históricas que hubiera para ello (y el caso de Estonia es curioso, porque si su himno nacional es el de Finlandia -con quien está hermanada culturalmente- su escudo nacional es el de la casa real danesa nada más porque en algún momento de la Edad Media el rey danés conquistó la actual capital estonia).

Desde luego, hay himnos que pueden dar sorpresas y resultar piezas musicales sumamente interesantes (los de Nepal y de Yemen me parecen bastante audaces, el de Belice fue poco más que un descubrimiento y el de Azerbaiyán me tomó por asalto XD), pero una evaluación seria y objetiva tendría que considerar, si de veras se quiere atener estrictamente a los elementos musicales, la complejidad, originalidad y funcionalidad de la melodía, la armonía, el contrapunto y la estructura, no la popularidad o hegemonía de ciertos países. Recuerden que hablamos de himnos nacionales, es decir, música utilitaria que debe ser fácilmente aprendida, recordada e interpretada por todos los habitantes de un país, que además debe inspirar un elevado sentido patriótico, y en cierta manera resumir en música la esencia del país que lo adopta como símbolo.

En conclusión, mi top 10 de los himnos nacionales (aclarando que el olímpico lo incluyo porque el fulano del video osó colar a la Unión Europea en este asunto), creo yo un poco más objetivo que el del fulano del video, queda como sigue:

1. Rusia
2. Rumania
3. México
4. China
5. Francia
6. Himno olímpico (mención honorífica xP)
7. Kenia
8. Kazajistán (empatado con Azerbaiyán x3)
9. Andorra
10. Estados Unidos

Y para que vean que tengo elementos en la mano para opinar, los remito a la página de himnos nacionales de la Marina de los Estados Unidos que, hay que reconocerlo, tiene el mérito de que cuando menos se han tomado la molestia de ser objetivos en materia de interpretarlos y compartirlos. Si alguno considera que mi lista no es acertada, tómense la molestia de escuchar, evaluar y rebatir :). El de Andorra y algunos otros, sin embargo, no están allí; los pueden encontrar en el sitio National Anthems, y seguro que si wikipedian un poco, encuentran otras referencias a dichos himnos ;).

P.S. Por cierto: si hasta al país más rascuache le respetan la armadura, forma y extensión de los himnos en el resto del mundo, yo creo que ya va siendo hora que el Estado mexicano legisle en la materia y defienda el respeto a nuestro himno en el resto del mundo, apelando a la justicia internacional cuando en un evento cualquiera, desde un partido de futbol hasta una visita de Estado, el anfitrión se atreve a modificar sin ninguna autorización nuestro himno; y ya saben de qué hablo: desde que le cambian la armadura y terminan interpretando en Si bemol mayor o Mi bemol mayor lo que claramente fue escrito y pensado en Do mayor, hasta que lo abuchea el público o el(los) cantante(s) le cambian la letra o interrumpen su interpretación aduciendo falsas fallas técnicas. Dado que nada de esto es evitado afuera, el que la Ley sobre el Escudo, Bandera e Himno Nacionales vigente se ponga tan perramente restrictiva contra nosotros los ciudadanos aquí carece de todo fundamento ético y moral: el himno nacional no es propiedad ni del C. Presidente ni de los otros poderes, es un derecho al que todos debemos tener acceso; y ciertamente, puesto que es de nosotros y no de los demás, les aseguro que de poder hacer lo que queramos con nuestro himno (así como los gringos hacen con el suyo, o Rusia y los otros países autorizan modificaciones y otros usos de sus himnos con la única condición de que éstos sean respetuosos) lo apreciaríamos por lo que es, lo querríamos y lo defenderíamos como uno de nuestros más importantes rasgos de identidad.