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[04 de agosto de 2008, 09:31 h.]
Según Juan Arturo Brennan, El segundo movimiento de la séptima Sinfonía de Beethoven es
"...uno de los más notables movimientos de la literatura sinfónica de todos los tiempos, en el que el compositor propone [...] un discurso musical de gran belleza, con un contenido armónico y rítmico que parecía estar adelantado cincuenta años a su tiempo. El efecto total de este movimiento es el de crear en el oyente ese sentimiento, al mismo tiempo vago e intenso, que el compositor Ned Rorem ha descrito acertadamente como nostalgia por el futuro".(1)
He querido encontrar, estos últimos días, el texto en el que Ned Rorem hizo esa afirmación que, sonará profunda y verdadera y lo que uds. quieran, pero que a mí no me dice gran cosa. Se me hace demasiado críptica. Suena hasta poética, pero como no sé a qué se refiere el señor Rorem, no sé si lo que me evoca es exactamente a lo que se refiere. Y puesto que he visto frustrados mis intentos por encontrar ese dichoso texto (para empezar no sé si existe), tendré que comentar así, 'a ráis', lo que pienso respecto de esta afirmación.
Para empezar, debo confesar que a mí, el Allegretto de la Séptima de Beethoven me evoca muchísimas cosas, pero ninguna que tenga que ver con el futuro. Sí me evoca nostalgias pasadas, viejas y nuevas, me evoca amores perdidos (viejos y nuevos, también), me evoca el atardecer, la noche, el cielo nublado de una tarde de lluvia, me evoca (por obra y gracia de la tonalidad de la menor) una atmósfera poblada de azules oscuros, principalmente el azul rey.
Me evoca los años de infancia que viví en Atizapán, los espantosos años de la preparatoria, me evoca la ciudad de México cuando el paisaje era aún hermoso (y la asignatura de Historia de la Ciudad de México en la preparatoria, la única que de verdad disfruté), y por tanto, me evoca también el telón de hierro del Palacio de Bellas Artes, con su exquisito mosaico dominado, a la José María Velasco, por los volcanes nevados.
Me evoca un paseo por un jardín laberíntico e inexistente, verde por la lluvia que acaba de caer de un cielo aún nublado. Me evoca uno de los pasajes de La batalla de Inglaterra de Judith Kerr, en la que Anna, su protagonista autobiográfica, escucha la Séptima de Beethoven en un concierto al que asistió con su anciano padre, en espera de encontrarse, frustradamente, con el hombre que tanto amaba, y que la engañaba con una treintona rubia y horrenda, pero muy amable. Me evoca un anuncio de televisión en el que los niños de la calle y los automovilistas que se quedan estacionados en un semáforo de crucero esperando la luz verde intercambian papeles (con el Allegretto de fondo); y más recientemente, me evoca un programa de la BBC sobre la historia de la carrera espacial, en el momento en que se narra la muerte del admirable y casi heroico dirigente del programa espacial soviético, Koroliov, y se muestra la película original de su funeral de Estado con el Allegretto de fondo también.
En fin, me evoca infinidad de cosas, pero hasta donde puede observarse, ninguna de ellas tiene que ver con el futuro. Y sin embargo, a pesar de que no comprenda lo que significa, creo que sí he llegado a experimentar "ese sentimiento a la vez vago e intenso". Creo que la nostalgia por el futuro debe referirse a una sensación tan filosófica que es difícil de comprender a menos que uno tenga, en la mano, el texto del susodicho señor Rorem. Pero al mismo tiempo, creo que debo concederle la razón porque de alguna forma, todas estas evocaciones que he mencionado podrían, sorprendentemente, quedar resumidas en la dichosa frase, la cual, como ya dije, tiene no poca carga poética. Y si lo sabemos ver bien, puede ser cierto. Siempre se dice que la historia, el estudio y visión del pasado, sirven para conocer cómo será el futuro, para preverlo y moldearlo de la mejor manera. Así que, de algún modo, mirar al pasado es también mirar al futuro. Así que seguramente es por eso que el señor Rorem tiene razón.
Y de hecho, pensar de esta manera me sorprende teniendo en cuenta el que el Allegretto (y en general la 7a. de Beethoven) me trae evocaciones de la infancia. Es algo que no había descubierto sino hasta hace unos días que redescubrí la 7a. (y las demás sinfonías de Beethoven) después de largos años de no escucharla. Es cierto que el Vivace me evocaba, por momentos, el recuerdo de aquella verde y solitaria colina donde se encontraba la unidad habitacional en la que viví en aquellos soleados y entrañables años. Pero no tenía idea de que el Allegretto también lo hiciera. En fin, no en balde esta pieza musical es una de las grandes joyas de la música universal, y por tanto puede formar parte del soundtrack de la vida de muchos de nosotros.
Pero definitivamente tengo que encontrar el texto del señor Rorem, para fundamentar una opinión más sensata y objetiva. Por cierto que me llevé un chasco espantoso al descubrir que el señor Rorem, que por lo que cita Brennan parecía un señor bastante serio, no sólo era una loca perdida, sino que su vida fue indiscreción tras indiscreción al publicar sus famosos diarios, en los que parece no dejar títere con cabeza. ¡¡¡Háganme el favor!!! ¡¿Cómo pudo este señor echar de cabeza a señores tan respetables como Samuel Barber y Leonard Bernstein?! Definitivamente Ned Rorem es un personaje que no me gustaría conocer en persona, por la sencilla razón de no ser modelo de prudencia como deben ser los compositores. Hasta el mismo Beethoven, Berlioz, Wagner e incluso Mozart, que de por sí hacían serios desfiguros, tenían un límite. Será un gran pensador musical, y tendrá razón en muchas cosas, vamos, hasta su vida privada es respetable, pero el sólo hecho de hacer pública esa vida privada invalida todo lo demás.(2)
En fin. Creo que mi juicio es demasiado duro, pero lo peor es que para hacerme la justa opinión al respecto, también tengo que leer a Rorem. :S
(1) De las notas al programa de la Temporada 2008 de la Orquesta Sinfónica de Minería; la fecha del concierto específico por confirmar.
(2) Cabe aclarar que aún no he encontrado los textos de Ned Rorem; sin embargo, ello no ha sido necesario para revalorar mi opinión con respecto a él. En realidad mi juicio con respecto a procederes como los suyos dejaron de ser severos casi desde entonces, y creo que como ejemplo de honestidad, es un caso del que muchas personas deberíamos aprender. —FCC, 01 de julio de 2010.
Carlos de la Luz dice:
ResponderSuprimir¡SORPRENDENTE! ¡Todo lo que puede evocar una obra maravillosa como la que mencionas!
Esta hermosa Sinfonía, la descubrí en mi adolescencia, y desde entonces es también parte de mi.
Creo que la 1a vez que la escuché fue en radio UNAM y después en el anuncio de televisión que mencionas.
Se volvió mucho más significativa para mi, gracias a un Maestro de Historia de la música que me hizo escucharla y apreciarla,(creo que no te he contado que cuando adolescente, tuve la loca idea de estudiar violín, para extrañeza de quienes me rodeaban, jejeje).
Saludos.
(comentario agregado en Hi5, aparentemente el 04 de agosto de 2008, 16.43h. —FCC)