Desde hace aproximadamente dos horas, he estado tratando infructuosamente de agregar mis comentarios a un interesante texto que Luis Miguel Bernal incluyó en su blog, intitulado ¿Orgullo de qué? (1) Aparentemente, se trata de un error producido, por un lado, por la pobre veolicidad de conexión de que dispongo, y por otro, a la enorme extensión del comentario que pretendía agregar. Sin embargo, en otro momento pude comprobar que mi comentario sí se había agregado, pero varias veces por fuerza de intentar una y otra vez que el texto se agregara. Instantes después, todos los comentarios desaparecieron. Sospechando que fueron todos borrados por el autor, y considerando la tensa sensación que me ha producido la falta de comunicación con el mismo, he decidido mejor abstenerme de agregar el comentario, y mejor presentarlo aquí; además, lo personal de esas opiniones podrían generar, como es usual, la antipatía de muchos de los lectores de Luis, si no es que de él mismo. Finalmente, por su extensión creo que es mucho mejor que se lea de corrido y no en parte, y más como un texto aparte que como una excesiva glosa a otro texto mucho más crítico y de mucha mejor calidad.
He aquí el texto del comentario:
Leyendo todo lo que se ha escrito en los comentarios, me doy cuenta que poco puedo decir que sea nuevo, jejejeje. Lo que sí tengo que reconocer es que, aunque no me lo crean, desde hace años yo he venido pensado en el mismo asunto, y casi en los mismos términos. De hecho, me sorprende la forma en que Luis usa la idea del ghetto para referirse a la Zona Rosa, porque justo esa es la idea que siempre le he comentado a mis amigos.
Francamente yo nunca entendí, para empezar, por qué habría de usarse en ese contexto el concepto de "orgullo"; desde la adolescencia me parecía una idea un tanto absurda el que alguien pudiera sentir "orgullo" de ser "gay"; es casi lo mismo que sentirse orgulloso de ser mexicano, u orgulloso de haber nacido blanco, rubio y de ojos azules, orgulloso de sus raíces culturales, o incluso orgulloso de ser sordomudo o ciego. Todas ellas son cosas determinadas por las circunstancias, por no decir, como Borges, que son determinadas por el azar; por lo tanto, por mucho que esas y otras circunstancias modelen nuestra personalidad, no son cosas por las que debamos sentirnos orgullosos. En todo caso, quien comulgue con el "movimiento gay" puede sentirse orgulloso de la decisión de no darle la espalda a su propia sexualidad, de salir a la calle con la misma dignidad que merece toda persona en libertad de amar a otra persona. Lo mismo que el indígena debe tener todo el orgullo del mundo por no darle la espalda a su origen, y el sordomudo tener todo el orgullo del mundo de vivir una vida digna, productiva y feliz como cualquier otro ser humano que escucha y habla. Es decir, podemos sentirnos orgullosos de nuestras decisiones, pero no de nuestros elementos constitutivos como seres humanos efectivamente diversos; o sea, únicos e irrepetibles. Por la sencilla razón de que esas circunstancias no las escogemos.
Aunque Luis lo ha dicho mucho mejor que yo en su soberbio texto, es muy cierto que el "movimiento gay" está sumamente fragmentado; para mí, incluso, ni siquiera es sensato hablar de un "movimiento", con todo el cuerpo ideológico, político y de planes y acciones que el término implica. No es sensato porque sencillamente todos los homosexuales y bisexuales (vengan en el color, forma y presentación que vengan) están repartidos en todo el espectro social; ¿cómo juntar a clases sociales contradictorias y opuestas con un supuesto fin común que ni es común, ni es fin? Sabiendo sobre todo que los que provienen de la clase alta imponen, a partir de prejuicios y discriminación una sola forma de "ser homosexual", un estilo, una moda, una apariencia física, una forma de vida, un conjunto de gustos, opiniones y formas de consumo; y efectivamente, segregados por otra parte de la "normalidad" o la ortodoxia social de los heterosexuales, por la sencilla "razón" de que lo que hacen estos es, de entrada, políticamente incorrecto.
Aunque la comparación puede parecerles peregrina y escandalosa, la forma en que el "movimiento gay" usa y abusa de la materia de la sexualidad, me recuerda mucho a la forma en que la Iglesia Católica, y en general las iglesias cristianas, usan y abusan de la materia de la religión: es como si uno estuviera encerrado en el camarote de un barco, y pretendiera ver el océano y su vasta inmensidad a través de una diminuta e incómoda escotilla. Incluso el mismísimo término "gay", o el término "lesbiana", y varios otros de ese engrosado acrónimo que todos usan, son engañosos y alteran una verdad mucho más sencilla y pura: a final de cuentas, de lo que se trata es de amar a alguien más, de sentirse atraído por alguien más en todas las formas, de compartirse plenamente con alguien más. A quién amemos y de qué modo lo hagamos, es algo secundario y privado. Y la apariencia que tengamos, la forma en que nos vistamos, los gustos y opiniones que tengamos al respecto, en fin, todo lo demás que rodea a esa sencilla verdad es accesorio, utilería, disfraz y escenografía.
Ahora bien, con respecto a lo que dijo Benhumea tengo también algo que decir: la familia tradicional como la conocemos no está construida a través de los valores, está construida a través de autoritarismos, represiones, traumas, frustraciones, complejos y trasferencias; en muchos casos, hasta de violencia y odio mal disfrazados de férrea disciplina. En realidad, el que un niño tenga padres heterosexuales, u homosexuales, no garantiza para nada que vaya a ser feliz, que crezca "con valores", con plenitud de sus capacidades como ser humano y con una aptitud admirable de integrarse en sociedad; pues con la forma tan enferma en que se funda la familia como la conocemos, si no están preparados los padres para darle a un niño el desarrollo que se merece y lo puede potenciar como ser humano, de milagro el niño crecerá sin traumas, y tendrá la extraña suerte de encontrar la felicidad, o yendo más lejos, de milagro se encontrará a sí mismo. Así que no se trata de quién críe o se responsabilice por los niños, sino de lo preparado que esté para asumir tamaña responsabilidad.
[Por cierto, Luis, lamento si hice un embrollo en los comentarios; tuve problemas con la conexión, y senciallmente no podía agregarlo con normalidad.]
(1) http://luismiguelbernal.blogspot.com/2010/06/orgullo-de-que.html, 23 de junio de 2010
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